A través de un proceso extenso y complejo, tanto en cuanto su realización constituye una acumulación de delitos, en el proyecto 1:1 ejercí una de las actividades exclusivas de los estados:
Acuñar moneda.
Y lo hice a partir de la divisa que durante el pasado siglo se ha establecido como canon mundial, y concretamente su unidad mínima; el céntimo de dólar.
Desde su aparición en 1909 esta moneda ha sido fabricada en cobre, o con la apariencia del mismo mediante el uso de distintas aleaciones más baratas, incluyendo el acero en la época de la segunda guerra mundial.
Estas variaciones en la materia prima empleada nos permiten trazar una visión historicista de la evolución económica, crisis y bonanzas del liberalismo en el siglo XX y nuestra contemporaneidad más inmediata.
Recientemente, el precio del cobre y la propia naturaleza especulativa del sistema monetario han generado una paradoja (que ya se había planteado con anterioridad a inicios de los años 70) según la cual el valor del metal contenido en un céntimo es mayor que el de la propia moneda de curso legal, alcanzando los 2.49 céntimos en monedas acuñada anteriormente a 1982.
Así, fundirlas para vender el metal como materia prima constituye un negocio rentable y un peligro relativo para la estabilidad del sistema económico.
En Diciembre del 2006 el gobierno norteamericano se vio obligado a aprobar leyes concretas para penar la fundición de estas monedas por parte de sus ciudadanos así como limitar la cantidad de céntimos que pueden ser transportados por un particular más allá de sus fronteras.
Las penas asignadas a estos delitos pueden alcanzar hasta un máximo de cinco años de carcel.
En este proyecto, realicé réplicas de monedas de curso legal usando como materia prima 100 monedas de un céntimo de dollar, acuñadas entre los años 1952 y 2007 y consumiendo en el proceso más recursos de los que las originales representan.
Se fabricó el molde de una de estas monedas para, a continuación fundir la totalidad de las mismas y utilizar el metal resultante para la elaboración de réplicas exactas.
El proceso de fundición implica un desaprovechamiento de un porcentaje de metal que se pierde en el proceso, por lo que de un dolar original se han generado 60 céntimos falsos.
Al crimen que constituye destruir «dinero moneda», se le suma el segundo delito de utilizar el metal resultante para acuñar moneda falsa.
La articulación de dos estrategias simbólicas con un potencial desestabilizador de un sistema monetario y la condición delictiva que implican, ahondan en la linea de investigación que he venido realizando en los últimos años, cuestionando los consensos que articulan la sociedad contemporánea asi como nuestra percepción de los mismos.
On my latest solo show at DF gallery, I presented the project "1/1", initiated in the city of New York in 2007.
Through an extensive and complex process, for its accomplishment constitutes an accumulation of crimes, the artist takes over one of the exclusive activities of the states: to mint coin. And he does so using the currency that during the past century has settled down as world-wide canon, and concretely its minimum unit; The american dollar cent.
From its appearance in 1909 this coin has been made of copper, cheaper alloys with similar appearance and even steel during the World War II period. These variations in the raw material used by the federal reserve allow us to draw up a historic vision of the economic evolution, crisis and expansions of liberalism during the XX century and our more immediate present.
Recently, the price of copper and the speculative nature of the monetary system have generated a paradox (that already had appeared during th 70´s) according to which the value of the metal contained in a cent is higher than the monetary value it represents, reaching the 2,49 cents in pennies coined previously to 1982.
Therefore, melting one cent coins to sell the resulting metal constitutes a profitable business and represents a certain danger for the stability of the economic system.
In December 2006 the United States Government was forced to approve a law led to avoid the melting of these coins as well as to limit the amount of cents that can be transported by an individual beyond their borders.
The penalties assigned to these crimes can reach to a maximum of five years of prison.
In this project, I have made replicas of one cent american dollars using as raw material 100 real cents, minted between years 1952 and 2007.
As a first step, a mold of one of these coins was made, then the original coins where melted and used to fuse the replicas.
The foundry techniques used imply the loss of a percentage of metal during the process, so from the original dollar, only 60 false cents were generated.
To the crime of destroying minted money, a second crime is added up by using the resulting metal to make false currency. The use of two symbolic strategies potentially destabilizers of a monetary system, and the illegal condition of this approach, go deep in the line of investigation that I have been exploring for the last years, questioning the consensus that articulate our contemporary societies and our perception on them.
DF arte contemporánea